30.3.07

Las malas

En estos días se está grabando en Caguas una película titulada “La Mala”. Tengo que decir con honestidad que cuando escuché el título me preocupé. Aún no tengo claro de qué trata, por lo que mi preocupación sigue latente… sobre todo cuando miro el país y veo a tanta gente buscando a qué malas culpar de todo lo que nos pasa.

Por un lado están los políticos oportunistas que se envalentonan para justificar la desigualdad social con argumentos convenientemente religiosos que van en contra de los principios de derechos humanos y de nuestra constitución. Para ellos, “La Mala” es la nueva versión del Código Civil que se está estudiando en estos momentos. “La Buena” parece ser la intolerancia religiosa, el odio a los demás seres humanos y la cobardía que se oculta tras la idea de que la mayoría manda aunque esté equivocada. (Eso me recuerda las elecciones de cada cuatro años)

A esta “Mala” sumémosle “Las Malas”, según los propulsores del P. del S. 1236 de Custodia Compartida. Es decir, las mujeres y entidades que se oponen al proyecto de ley. Son “Las Malas” por argumentar, con razón, que el proyecto está mal conceptualizado, parte de premisas incorrectas y además ignora por completo la diferencia entre custodia y patria potestad. “Las Buenas” son, de más está decir, las calladas y las que acatan.

¿Cuántas “Malas” adicionales se podrían mencionar? Baste con ir a las salas de un tribunal para ver cómo se juzga a las mujeres que luego de reunir el valor para salir de una situación de violencia doméstica se atreven a denunciar a su agresor y a exigir justicia. Esas son malas por partida triple, porque rompen la familia, exigen pensión alimentaria y además tienen el atrevimiento de pedir que se limiten las visitas del agresor a sus hijas e hijos. “Las Buenas” sólo son dignas de compasión.

¿De qué tratará la película? Vaya usted a saber. Ojalá y se les ocurra, en un acto de justicia poética, ajustar en la ficción las definiciones invertidas que tenemos en el mundo real. Ojalá que al mal se le llame por su nombre y al bien y a la justicia también.

50/50 para la equidad


Cuando se habla de poder y democracia nunca hay exclusiones razonables. Y sin embargo, en Puerto Rico (y en el resto del planeta) todavía existe una aceptación natural de la exclusión de las mujeres de la participación política. Esta exclusión se percibe como razonable porque las mujeres son estereotipadas como más débiles, menos líderes, más adecuadas para trabajos domésticos y más llamadas a la maternidad que a la dirección de naciones.

Precisamente el pasado 26 de febrero, la Organización de las Naciones Unidas presentó en Nueva York la primera red virtual que vincula a mujeres de todo el mundo que participan en la vida política: iKNOW Politics. ¿Por qué la ONU dedica tiempo y recursos a este tipo de trabajo? Esto no es fortuito, así como tampoco es casualidad que en nuestro país se haya escogido el tema de la participación política de las mujeres como eje central de la campaña conmemorativa del Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

A nivel internacional se reconoce que la integración de las mujeres a la vida política es la única herramienta efectiva para que éstas logren, a su vez, una participación plena en los procesos de desarrollo y asuman una condición de igualdad en la sociedad. Esta falta de igualdad es, quizás, la principal raíz de la violencia por razón de género que todavía enfrentamos en todo el planeta. No hablamos meramente de la violencia en sus manifestaciones físicas, sino de la violencia vista como la pobreza extrema, la exclusión de la educación y del trabajo, la marginación social y la utilización de nuestros cuerpos como meros objetos de consumo.

Ahora, nos toca luchar por la equidad política. ¿Qué tenemos que pedir, qué tenemos que hacer para alcanzar esa equidad política? Lo primero que debemos hacer es reconocernos como seres capaces de hacer aportaciones inteligentes e importantes para el bienestar del país. Si las mujeres no rebasamos los límites que nos imponen los estereotipos por género y no nos decidimos a reclamar que se comparta el poder con nosotras, no podemos esperar que nos sea “concedido” gratuitamente. ¿Lo segundo? Informarnos, ver qué cosas nos limitan como grupo y aceptar el reto de proponernos como alternativas de cambio para nuestro bienestar y el del país en general. ¿Mujeres en la política? 50/50 debe ser nuestra meta para la equidad.

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