24.4.15

Amor y Perversión


No es posible amar y, a la misma vez, elaborar todo un catálogo de justificaciones para discriminar.  No se puede hablar de bondad y escatimar derechos humanos a otras personas. No se puede prometer cielos y construir infiernos en la tierra con palabras, acciones, pensamientos y omisiones que cuestan vidas.  Este momento histórico nos requiere saber distinguir el amor al prójimo de los juicios morales que se construyen por minorías que insisten en detener la evolución social y humana de nuestro país.

Estamos a meses de que un tribunal federal decida el futuro del Artículo 68 de nuestro Código Civil.  Será un tribunal extranjero el que finalmente diga si en Puerto Rico las parejas del mismo sexo podrán contraer matrimonio.  Y a nosotras nos tocará acá ser testigos del momento y responder a él. Sabiendo que lo más importante no es la celebración de una boda en particular, sino el potencial de decidir si queremos contraer matrimonio o no y el reconocimiento de la humanidad de las personas LGBTT.

En medio de estos trámites, nuestro Secretario de Justicia, César Miranda, se expresó en representación de nuestro gobierno y dejó de defender el Artículo 68 en litigio. Las reacciones no se hicieron esperar.  Mientras el momento reclama amor, grupos cada vez más exiguos se empeñan en hablar de perversión y en atacar a las comunidades LGBTT.  Y de perversión hay que hablar.  Pero no como algo inherente a personas LGBTT sino como un estado mental prejuiciado que corrompe cualquier posibilidad de amor y la transforma en repulsión, terror y aversión hacia nuestras comunidades.  Quien objeta la equidad corrompe desde sus paradigmas de homofobia el verdadero amor al prójimo.

 
Mientras el tribunal federal decide sobre el matrimonio igualitario, acá otro tribunal deberá resolver una petición de Mandamus de un grupo de legisladores apoyado abiertamente por un sacerdote católico que, como abogado de ellos, compareció a una vista del tribunal con su hábito y ofreció su parroquia para que las partes se reúnan.  En esa misma vista, unas dos filas de bancos del lado derecho de la sala estuvieron ocupadas por integrantes de iglesias fundamentalistas que de manera consistente han predicado desigualdad y discrimen. ¿Litigan solos los legisladores demandantes? ¿Y para quién lo hacen?

 
El amor que une a dos personas independientemente de su sexo, es eso: amor. Pero las acciones que buscan perseguir, condenar y discriminar a quienes así se aman, es pura y terrible perversión.

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